Primero le conoces. Sueles hablar con él, aunque hay personas que sinceramente...te enamoran sólo con la mirada. Y le vas conociendo. Poco a poco. Paso a paso. Llega un día, en el que te das cuenta..de que en un momento exacto del día, le echas de menos. Y te preguntas por qué. Si es sólo tu amigo, ¿por qué le echas de menos? ¿Por qué le necesitas justo ahora a tu lado? No lo entiendes, y empiezas a pensar. Conoces perfectamente el color de sus ojos, y como se ríe. Conoces a la gente con la que va, cómo suele saludar a sus amigos, y que es lo que más le gusta a hacer. Su música, si sabe bailar.. Conoces hasta cada ralla de la mano que tiene. Y de repente, lo ves. Está ahí, delante tuyo. A tan solo unos metros. Puedes respirar el olor de su colonia, que también lo conocías, y que ya sabes, que en cualquier sitio que huelas esa colonia, ya te va a recordar siempre a él. Y llega el momento del saludo. Suelen ser dos besos , en los que siempre deseas que simplemente, no fueran uno en cada mejilla. Y al estar a su lado...al querer abrazarle de repente, al querer decirle que le quieres, al querer besarle. Cada vez, ese deseo crece, y crece...se hace más fuerte. Quieres tenerle, le quieres a él. Y así, paso a paso, ves como te has enamorado de esa persona. Ves, como le quieres cada día más.

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